Era el año 1999 y, tras el fenómeno de El Niño y el terremoto de Bahía, la sed se agudizaba en todo el cantón Sucre, que hasta ese entonces también incluía a la parroquia San Vicente. En los años previos (97-98) teníamos agua de sobra, tanta que hasta entraba a nuestras casas por las intensas lluvias, pero también la captábamos con canalones de caña que mi papá construía y que instalaba con mis hermanos en los bordes del techo. Ingeniería criolla.
La almacenábamos en tanques de metal encementados para simular una cisterna. Bien o mal, teníamos líquido para consumir y cubrir nuestras necesidades. Era agua para uso humano, pero ante la escasez de la potable (para consumo humano), por los daños que dejaba El Niño, al menos contábamos con “algo puro”.
Luego se vino una escasez fatal y mi padre tuvo que excavar para obtenerla de la tierra. Agua de pozo, para que entendamos. La cuestión es que era muy salobre por la cercanía al estuario y, más aún, en Los Perales (donde vivía), que anteriormente era playa. Con eso había que cubrir el lavado de ropa, bañarse y, aunque les parezca mal, hasta lavar platos. No quedaba de otra. La poca agua que se podía conseguir era gracias a don Aladino, un vecino que manejaba un tanquero, que no recuerdo si era de él. Eso servía para cocinar y la cuidábamos como un tesoro. Hago este preámbulo para que conozcan que la falta de agua en esa parte de Manabí no es nueva.
Veintisiete años después nada ha cambiado y han pasado muchos acontecimientos. San Vicente se hizo cantón. Construyeron un puente que une a los dos lados. Hicieron un malecón. Abandonaron el aeropuerto. Han sido seis alcaldes elegidos y un montón de presidentes, pero esa parte, justo esa, no cambia.
Ahora, cuando voy a visitar a mi madre, debemos bañarnos con tarrina, de a poquito, como si estuviéramos gastando oro líquido.
Han existido múltiples excusas y cientos de miles de ofrecimientos sin que hasta ahora aquello se concrete. Escuché al presidente Daniel Noboa y al ministro de Infraestructura, Roberto Luque, decir que en agosto se colocará la primera piedra de la obra que llevará el líquido vital a Tosagua, Sucre y San Vicente.
¡Qué buena noticia! Sin embargo, pido que me dejen dudar. Ofrecimientos de estos sobran. Obras para llevar agua hubo, sin conocer qué pasó para que sigan sin funcionar, pero como les he contado, la sed sigue y todos sufren por agua, como ahora el ganado. ¿Por qué dudo? Lean otra vez este artículo.
