De Nobleza Inglesa a Lucca – La Palabra Quito

De Nobleza Inglesa a Lucca – La Palabra Quito
07 de febrero de 2026 • 07:00

4 minutos de lectura

El 7 de febrero, la comunidad católica internacional celebra la festividad de San Ricardo el Peregrino, también conocido como Ricardo de Wessex. Este noble anglosajón, que vivió a principios del siglo VIII, es recordado principalmente por renunciar a sus privilegios para emprender un viaje de fe hacia Roma en el año 720 d.C. Su muerte prematura en la ciudad de Lucca, Italia, y la posterior vida de santidad de sus hijos, lo convirtieron en una figura central de la evangelización medieval y en un símbolo de la piedad familiar.

El origen y la renuncia de un noble de Wessex

Históricamente, se identifica a San Ricardo el Peregrino como un príncipe o sub-rey del reino de Wessex, en la actual Inglaterra. Aunque los detalles sobre su reinado son escasos en las crónicas políticas, su perfil destaca en las hagiografías por su profunda convicción religiosa.

Alrededor del año 720, decidió abandonar sus tierras y responsabilidades administrativas para realizar una peregrinación a los lugares santos de la cristiandad, acompañado por dos de sus hijos: Willibaldo y Winnebaldo.

Una de esas expediciones partió desde Hamblehaven, cerca de Southampton, cruzando el canal de la Mancha y atravesando el territorio de la actual Francia con destino final en la Santa Sede.

Sin embargo, el viaje se vio truncado por las duras condiciones de la época. Tras cruzar los Alpes y llegar a la región de la ToscanaSan Ricardo el Peregrino contrajo una enfermedad debilitante, probablemente debido al agotamiento físico de la travesía. Su estado de salud se deterioró rápidamente al llegar a la ciudad de Lucca, donde falleció en el año 722.

El legado de una familia de santos

A pesar de no haber alcanzado la ciudad de Roma, el legado de San Ricardo el Peregrino se multiplicó a través de su descendencia. Sus tres hijos, San Willibaldo (obispo de Eichstätt), San Winnebaldo (abad de Heidenheim) y Santa Walburga (abadesa de Heidenheim), se convirtieron en figuras clave para la expansión del cristianismo en Germania, trabajando estrechamente con su pariente, San Bonifacio.

La influencia de esta familia en la Europa medieval fue determinante para la estructuración de la Iglesia en las regiones germánicas. La educación y los valores transmitidos por San Ricardo el Peregrino a sus hijos son citados frecuentemente como la base de su éxito misionero. Por esta razón, se le atribuye el título de “padre de una estirpe de santos”, destacando su papel como formador espiritual por encima de su estatus nobiliario.

La veneración a San Ricardo el Peregrino comenzó poco después de su entierro en la Basílica de San Frediano, en Lucca. Los relatos de la época documentan numerosos milagros ocurridos cerca de su tumba, lo que atrajo a peregrinos de toda Europa. Su reconocimiento oficial como santo se consolidó por la devoción popular y el testimonio de sus hijos, quienes promovieron su culto como ejemplo de entrega cristiana.

Culto y presencia en la liturgia actual

La razón por la cual se celebra su fiesta el 7 de febrero corresponde a la fecha tradicional de su fallecimiento o “dies natalis” (nacimiento al cielo). En la ciudad de Lucca, las reliquias de San Ricardo el Peregrino aún se conservan en un altar de la Basílica de San Frediano, donde sigue siendo una figura de gran importancia para la identidad religiosa local. Su imagen suele representarse con el atuendo típico de peregrino: túnica, báculo, sombrero y, en ocasiones, una corona a sus pies para simbolizar su renuncia al poder terrenal.

La figura de San Ricardo el Peregrino ofrece un contexto relevante sobre la movilidad y la fe en la Alta Edad Media. Su historia permite entender cómo las rutas de peregrinación no solo servían para la devoción individual, sino también para el intercambio cultural y la consolidación de redes eclesiásticas entre Inglaterra y el continente europeo.

Hoy en día, San Ricardo el Peregrino es invocado como protector de los viajeros y ejemplo para los padres de familia. Su vida, aunque marcada por un objetivo geográfico no cumplido, demuestra que en la tradición católica el valor de la intención y la formación de la fe son los elementos que definen la santidad.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *