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La situación sanitaria en la Penitenciaría del Litoral se ha convertido en un problema de conocimiento público, marcado por múltiples muertes, brotes de tuberculosis y denuncias por desnutrición y falta de atención médica. En medio de este escenario, continúan saliendo a la luz casos que reflejan la magnitud de la emergencia humanitaria que atraviesa el sistema penitenciario ecuatoriano.
Durante la primera semana de febrero, se reportaron al menos 18 fallecimientos de personas privadas de la libertad, varios de ellos sin signos visibles de violencia, lo que incrementó la preocupación por las condiciones de salud dentro del penal más grande del país.
El caso de Antonio Acosta, según El Universo
En este contexto, diario El Universo dio a conocer el caso de Antonio Acosta Díaz, un interno que llevaba dos años recluido y que habría fallecido a causa de tuberculosis. De acuerdo con la información publicada por el medio, su familia se enteró de su muerte casi tres semanas después, al ver en noticieros reportes sobre nuevas muertes en la Penitenciaría.
El suegro de Acosta relató al rotativo que, al acudir al centro penitenciario el 5 de febrero, recibieron versiones contradictorias sobre el pabellón en el que se encontraba el interno, hasta que finalmente se confirmó que su cuerpo había sido trasladado al Laboratorio de Ciencias Forenses y Criminalística.
Demoras en la entrega de cuerpos
Según el reportaje de El Universo, el cuerpo de Antonio Acosta permaneció 18 días en Criminalística antes de ser entregado a sus familiares, quienes esperaron varias horas para completar el proceso. El testimonio recogido por el medio describe un escenario de abandono y falta de comunicación por parte de las autoridades.
“Ya llevaba 18 días muerto y recién nos enteramos. Conviven con los muertos; todos se contagian allí. No permiten visitas ni permiten entrar medicinas”, señaló su suegro, en declaraciones citadas por el diario.
Tuberculosis y hacinamiento
Organizaciones de familiares y defensores de derechos humanos advierten que los internos conviven con cadáveres durante varios días debido a la limitada capacidad para realizar levantamientos oportunos. Esta situación, sumada al hacinamiento, ha agravado la propagación de enfermedades como la tuberculosis dentro del centro carcelario.
Alertas internacionales y efectos colaterales
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) otorgó medidas cautelares a favor de las personas privadas de la libertad, al considerar que existe un riesgo grave para su vida y salud. En paralelo, la emergencia ya genera preocupación fuera de los centros penitenciarios, con medidas preventivas en dependencias judiciales ante posibles contagios.
