Jordan Vera, analista y consultor político, evalúa el desempeño y gestión de la Asamblea Nacional durante el año 2025. Para el especialista, quien posee una maestría en Comunicación Política por la Universidad Internacional del Ecuador (UIDE), en el Legislativo se mantiene la centralización. Asimismo, insiste en que, aunque la participación de jóvenes sea algo positivo, la misma deja mucho que desear porque algunos legisladores no van con experiencia o la preparación que requiere este poder del Estado.
¿Hasta qué punto el cambio de denominación de “Congreso Nacional” a “Asamblea Nacional” representó una evolución tangible en la gestión legislativa, o se trató meramente de una modificación cosmética?
Considero que el cambio de nombre, más allá de intentar manifestar una transformación institucional, sí buscaba una mayor representatividad. El término “Asamblea” sugiere una mayor apertura a la participación de las bancadas para legislar y, en su caso, derogar leyes. Sin embargo, modificar la nomenclatura no garantiza automáticamente un cambio cualitativo. Por lo general, estas transiciones buscan revertir una imagen desgastada ante la ciudadanía, pero si no se acompañan de una nueva ética de trabajo, el esfuerzo es insuficiente.
Jordan Vera habla sobre la percepción ciudadana respecto a la Asamblea Nacional
Pese a la nueva nomenclatura, la percepción ciudadana sugiere que el escenario político permanece estático. ¿Considera que esta modificación de identidad no ha logrado ocultar la continuidad de los vicios legislativos tradicionales?
Efectivamente, existe una percepción negativa generalizada a nivel nacional. Cambiar el nombre es irrelevante si las prácticas de fondo se mantienen. Lamentablemente, la ciudadanía percibe que muchas bancadas continúan operando bajo la lógica de sus propios intereses particulares en lugar del bienestar colectivo. Mientras las entidades políticas prioricen sus agendas internas sobre las necesidades del país, la percepción pública seguirá siendo negativa, independientemente de cómo se titule la institución.
Al evaluar la composición actual del Legislativo, ¿cómo califica el desempeño de los nuevos integrantes y el equilibrio entre la renovación generacional y la necesaria experiencia parlamentaria?
La renovación tiene pros y contras. En un marco participativo ideal, es positivo ver nuevas caras que pueden aportar ideas frescas de mejora. Sin embargo, la experiencia es un factor fundamental del cual se carece actualmente. Bajo mi percepción, los nuevos legisladores, por muy jóvenes o renovadores que sean, deberían contar con una experiencia mínima en gestión pública. Sin ese bagaje técnico, es difícil construir políticas públicas correctas y eficientes para la ciudadanía.
Para Jordan Vera, los legisladores jóvenes deben prepararse más
Incidentes, como el de un joven legislador llamado la atención por realizar actividades ajenas al debate durante una sesión, han encendido la polémica. ¿Evidencia esto un déficit en la preparación de los cuadros políticos más jóvenes?
Este tipo de acciones refuerzan la desconfianza ciudadana. Si bien los jóvenes tienen todo el derecho a la participación política, es imperativo que exista una preparación previa. Mi consejo es claro: hay un lapso entre la elección y la posesión del cargo que debe aprovecharse. La responsabilidad es doble: primero, del partido político, que debe capacitar a sus cuadros para que no lleguen a improvisar; y segundo, la auto-capacitación del legislador mediante diplomados o estudios en administración pública. No pueden permitirse llegar a la curul para convertirse en el eslabón más débil por falta de competencia técnica.
Dada la polarización actual y las fracturas internas en las bancadas, ¿qué mecanismos deberían implementar las organizaciones políticas para seleccionar candidatos que sean tanto capaces como leales a un proyecto país?
Los partidos deben aplicar filtros rigurosos. No me refiero a exámenes invasivos, sino a verificar las intenciones reales del candidato, tanto personales como colectivas. Es fundamental asegurarse de que los aspirantes tengan las aptitudes necesarias para el cargo y que sus intereses personales estén alineados con el proyecto del partido y más allá de eso, a beneficio del país, de quienes los eligieron. A menudo, se elige a figuras jóvenes por estrategia electoral, pero sin verificar su idoneidad, lo que resulta en legisladores que, una vez electos, se desvían de la línea programática por la que fueron votados.
El analista Jordan Vera cuestiona el centralismo en la Asamblea Nacional
¿Existe una subordinación excesiva de los legisladores a las directrices de sus partidos en detrimento de los intereses de los votantes que representan?
Totalmente. Esta dependencia partidista es palpable y nociva. Es imposible crear políticas públicas efectivas cuando la Asamblea está fracturada y las votaciones se deciden por consigna. Si una ley beneficia al país pero perjudica el cálculo político de un partido, la orden será bloquearla. Esta dinámica, donde prevalecen los intereses de la bancada sobre los de la nación, impide la aprobación de normativas que la ciudadanía requiere con urgencia.
Haciendo un paralelo con épocas pasadas donde el Ejecutivo ejercía fuerte influencia sobre el Legislativo, ¿percibe dinámicas hegemónicas similares en la actual administración respecto a su relación con la Asamblea?
El escenario es muy similar, aunque cambien los actores. Se observa una tendencia a la hegemonización del poder y una relación entre Ejecutivo y Legislativo donde la libertad de expresión y el debate democrático se ven restringidos por pactos o imposiciones. Las actitudes que antes se criticaban se repiten ahora: hay una búsqueda de control que limita la participación real. Aunque la decisión final teóricamente recae en el pueblo a través de consultas, en la práctica, las decisiones siguen centralizadas en las mismas esferas de poder.
