Grietas en el “caos controlado” de Trump – La Palabra Quito

Grietas en el “caos controlado” de Trump – La Palabra Quito

La intervención en Venezuela en enero y el ataque preventivo contra Irán en febrero de 2026 han confirmado que las acciones de Donald Trump —diplomacia de incertidumbre, sanciones económicas asfixiantes, guerra psicológica y uso de la fuerza selectiva— no son exabruptos de la política diplomática norteamericana, sino una estrategia de caos controlado.

De ninguna manera se trata de libertad o democracia. La verdadera intención es la reingeniería del mapa energético global: Washington captura la reserva de petróleo más grande del planeta en Venezuela para, acto seguido, encender la llama en Medio Oriente, que es la arteria petrolera principal de China.

La intervención en Venezuela y la posterior recepción de 80 millones de barriles, reportada por la Casa Blanca en febrero, no fueron actos de “restauración democrática”. Fue la construcción de un colchón de seguridad. Al controlar el crudo venezolano, Trump ha blindado a Estados Unidos contra el choque externo.

El ataque preventivo contra Irán ha provocado lo que el mercado temía: el cierre de facto del Estrecho de Ormuz, por donde circula el 20 % del crudo mundial. Pero aquí reside la clave del caos “controlado”: los efectos de los bombardeos no afectan a todos por igual.

China depende críticamente del crudo iraní y del gas de Catar que atraviesa Ormuz. Al inutilizar esta ruta, Trump está cortando el suministro que alimenta la industria china. Sin el plan B que representaba Venezuela, China enfrenta asfixia energética.

Por otra parte, Europa también se ve afectada con el cierre de Ormuz, puesto que el 20 % del suministro global de gas natural licuado (GNL) proviene de Catar. Esto obliga a la Unión Europea a una dependencia absoluta del GNL estadounidense, reforzando la hegemonía de Washington sobre sus propios aliados.

Aunque el petróleo bordea ya los 100 dólares, el caos controlado apuesta a que el daño inflacionario en Estados Unidos será mitigado por el aumento de la producción doméstica y el control del crudo venezolano. Sin embargo, las grietas son visibles. El desvío de buques hacia rutas africanas está generando un atasco de petróleo en el mar que amenaza con una inflación global persistente. La moneda de cambio de este conflicto no es solo el dólar, sino el barril de petróleo como arma de guerra.

El fracaso de usar el control energético como un látigo podría empujar a los BRICS+ (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica, Egipto, Etiopía, Irán, Emiratos Árabes e Indonesia) y a una Europa pragmática a buscar una diplomacia de los recursos que ignore al dólar. Si el mundo percibe que el acceso a la energía depende del humor de Washington, el salto hacia un sistema basado en el patrón oro o en intercambios directos de commodities (materias primas o bienes básicos de origen natural como el petróleo) dejará de ser una opción para convertirse en un imperativo soberano.

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