• 4 minutos de lectura
Los mercados financieros globales se preparan para otra semana de máxima volatilidad, con el gas y el petróleo nuevamente en el punto de mira, tras la reescalada del conflicto en Oriente Medio.
Lo que parecía ser un signo de esperanza el fin de semana, con el presidente iraní, Masud Pezeshkian, disculpándose y prometiendo el cese de ataques, se desvaneció rápidamente. Horas después, Irán dio marcha atrás y los misiles sobrevolaron de nuevo Arabia Saudita, Qatar, Bahréin y Emiratos Árabes Unidos, sumiendo a los inversores en una profunda incertidumbre.
Escalada del conflicto bélico
La segunda semana de este conflicto bélico comienza sin señales de una pronta resolución. Las suspensiones de vuelos persisten y las disrupciones energéticas se intensifican, con Kuwait y Qatar anunciando recortes en la producción de petróleo. A esto se suma la declaración del presidente estadounidense, Donald Trump, quien afirmó que no habrá acuerdo sin una rendición incondicional de Irán, una perspectiva que, por ahora, parece lejana.
Con los mercados tradicionales cerrados durante el fin de semana, la cotización del bitcoin, que opera 24 horas, ofreció una leve pista sobre el ánimo de los inversores al mantenerse prácticamente plana. Sin embargo, las dudas persisten sobre cómo reaccionarán los mercados al reabrir. Las preguntas clave que se plantean son si el petróleo alcanzará los 100 dólares por primera vez desde 2022, hasta dónde escalará el precio de la luz si el gas continúa su ascenso, si la brecha entre las Bolsas estadounidenses (que han resistido el golpe) y los índices europeos (en caída libre) se mantendrá, y si el dólar conservará su papel de refugio. Además, se debate si el impacto inflacionista será suficiente para alterar el rumbo de los tipos de interés de los bancos centrales.
Precios de la energía y perspectivas de suministro
La presión sobre los precios no cesa de crecer. El combustible para transporte por carretera se encareció la semana pasada tanto en Europa como en Estados Unidos. Norbert Rücker, director de Investigación Económica de Julius Baer, sugiere que este factor podría convencer a la Administración estadounidense de trabajar para reactivar el comercio a través de Ormuz, o incluso llevarla a restringir sus exportaciones de petróleo.
A pesar de que el barril ya se vende por encima de los 90 dólares, tanto en la versión estadounidense West Texas como en el Brent europeo, Rücker apunta a un choque transitorio. Su escenario base es un repunte breve e intenso en los precios de la energía, ya que no se han producido daños significativos a la infraestructura y la amenaza militar de Irán parece estar disminuyendo. Ante la incertidumbre bélica, reitera una opinión neutral sobre el petróleo y el gas natural.
En el flanco energético, la agencia de calificación Fitch estima que, a pesar del cierre del Estrecho de Ormuz, no debería haber problemas de suministro para Europa. Esto se debe a que el período invernal de calefacciones a máximo rendimiento está próximo a terminar, a sus contratos a largo plazo para comprar gas a EE. UU. y a su diversificación en otras fuentes más allá de Qatar; España, por ejemplo, importa la mayoría de Argelia. Sin embargo, advierten que un conflicto más largo tendría un impacto material sobre el gas y, por tanto, sobre los precios de la electricidad, dada la necesidad de rellenar las reservas de gas.
El escenario central de Fitch es que la guerra durará menos de un mes, pero de prolongarse, señala a los productores de electricidad europeos como ganadores y a la industria electrointensiva (sectores como el químico, metalúrgico, de cerámica y cemento) como perdedora. Entre los países de la UE, Alemania, Italia y Polonia, que pagaron entre 110 y 130 euros por megavatio hora en enero y febrero, se encuentran en una posición vulnerable, frente al mayor margen del que gozan Francia y España, donde el precio se movió en un intervalo de entre 50 y 70 euros por megavatio hora en los dos primeros meses del año.
